Cuentos para Tania.
No se si ya te diste cuenta, que de todo lo que cuentas, yo creo un cuento.
Y andaba yo pensando en las cosas que me cuentas, y reparo en una historia que contaste de pasada.
Me contaste que te gusta caminar sola por la playa. Admirar el mar, regocijarte en el sonido de las olas, mirar al horizonte con la mirada perdida sin rumbo ni destino.
Sentarte en la fina arena, jugar con ella, acariciarla como un suave manto, agarrar alguna concha y sostenerla entre tus dedos. Deleitarte en tus pensamientos, expulsar las penas que embargan tu alma, sensibilizarte con tus sentimientos, y quizás pensar en el extraño, con el que un día pasearas enamorada, ambos agarrados de la mano.
Ando solo por la playa sin rumbo ni destino. Las nubes grises que asemejan el color de mi alma esconden el cielo.
Sin darme cuenta persigo los pasos de quien caminó por el camino. Me detengo, observo los surcos, el también anda solo.
Piso sus huellas con no se que intención, Conjeturo sus posibles pensamientos, imagino que pena quizás le embarga, adentrarme en sus sentimientos, y pensar si el o ella también piensa en el extraño.
Me Introduzco en el alma de quien no marco sus huellas, sino su presencia en el camino. Pensar en tomar los controles del tiempo, poder observar el infinito y ver en el no solo su retrato, también sus pasos, estos propios que ahora piso.
Me doy cuenta inmerso en el pensamiento, de que sin querer me acompaña, aun sin estar presente. De que por un momento a alejado mi soledad.
Pareciese como si ambos ya habláramos de que es aquello que nos pasa. De por que andamos solos paseando por la playa.
A escaso metros terminan sus huellas, y acaban en una figura sentada. Es una hermosa muchacha de pelo corto y castaño con mechas naranjas, que acaricia la arena con la que juegan sus dedos.
Me tienta acercarme, expresarle una sonrisa agradeciendo el paseo que me ofrecieron sus huellas. Y conocer los verdaderos motivos que esconde su alma.
Me quedo a observarla, no me cruzare en su destino, no quisiera asustarla. Me marcho con cierta nostalgia, pero sonrió. Finalmente imagino su sonrisa, la que encantadoramente mostraría si le contara la historia.
Andamos solos aun sin el mismo destino, aleje a la soledad con tu grata compañía, la que presta tú presencia. Percibirte a mi unido, quien anduvo anteriormente por idéntico camino.
Manuel A.
Para Tania.
No se si ya te diste cuenta, que de todo lo que cuentas, yo creo un cuento.
Y andaba yo pensando en las cosas que me cuentas, y reparo en una historia que contaste de pasada.
Me contaste que te gusta caminar sola por la playa. Admirar el mar, regocijarte en el sonido de las olas, mirar al horizonte con la mirada perdida sin rumbo ni destino.
Sentarte en la fina arena, jugar con ella, acariciarla como un suave manto, agarrar alguna concha y sostenerla entre tus dedos. Deleitarte en tus pensamientos, expulsar las penas que embargan tu alma, sensibilizarte con tus sentimientos, y quizás pensar en el extraño, con el que un día pasearas enamorada, ambos agarrados de la mano.
Ando solo por la playa sin rumbo ni destino. Las nubes grises que asemejan el color de mi alma esconden el cielo.
Sin darme cuenta persigo los pasos de quien caminó por el camino. Me detengo, observo los surcos, el también anda solo.
Piso sus huellas con no se que intención, Conjeturo sus posibles pensamientos, imagino que pena quizás le embarga, adentrarme en sus sentimientos, y pensar si el o ella también piensa en el extraño.
Me Introduzco en el alma de quien no marco sus huellas, sino su presencia en el camino. Pensar en tomar los controles del tiempo, poder observar el infinito y ver en el no solo su retrato, también sus pasos, estos propios que ahora piso.
Me doy cuenta inmerso en el pensamiento, de que sin querer me acompaña, aun sin estar presente. De que por un momento a alejado mi soledad.
Pareciese como si ambos ya habláramos de que es aquello que nos pasa. De por que andamos solos paseando por la playa.
A escaso metros terminan sus huellas, y acaban en una figura sentada. Es una hermosa muchacha de pelo corto y castaño con mechas naranjas, que acaricia la arena con la que juegan sus dedos.
Me tienta acercarme, expresarle una sonrisa agradeciendo el paseo que me ofrecieron sus huellas. Y conocer los verdaderos motivos que esconde su alma.
Me quedo a observarla, no me cruzare en su destino, no quisiera asustarla. Me marcho con cierta nostalgia, pero sonrió. Finalmente imagino su sonrisa, la que encantadoramente mostraría si le contara la historia.
Andamos solos aun sin el mismo destino, aleje a la soledad con tu grata compañía, la que presta tú presencia. Percibirte a mi unido, quien anduvo anteriormente por idéntico camino.
Manuel A.
Para Tania.

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