Los sueños de un ángel gris.

Cuando después de nueve meses se olvida quien se fue por dos veces, el hombre en una vida, el ángel a su muerte. Cuando algún santo supremo del cielo, considera que llevamos allí demasiado tiempo, nos entrega un nuevo cuerpo. Es en ese momento cuando realmente fallecemos, a pesar de volver nuevamente a la vida. Hay quien por el paso del tiempo, por las experiencias vividas, relega de la inocencia, y aquella alma blanca que de nacimiento nos precedía, se va tiñendo de negro para volverse tímidamente un tanto más gris.
Llegara el momento en que olvidemos al Ángel, para dar paso a la persona que va naciendo.
Pero yo reniego a dejar marchar la inocencia, consciente de que la melancolía y la nostalgia me embargara por siempre, será por que quiero concebir y comprender las cosas que nos rodean los que me lleven a soñar e imaginar mundos que a simple vista podrían parecer perfectos, pero que tampoco lo son.
Llego el momento de hacer ver y hacer entender a vista de quien ahora es persona y me ve y no me entiende, cuales son los sueños de un ángel gris. Este que ve, y no teme amar.

jueves, 23 de noviembre de 2006

La reina de las hadas.

Cuentos para Tania

No hace mucho conocí a Tania. Ella es tan alta y hermosa, tan esbelta, tan sensual en sus movimientos y sus formas. De expresión alegre. De ojos grandes que cambian según la luz del sol, tan hermoso su cabello corto de mechas naranjas, a juego con su vestido y sus alas, echo de hojas maduras bendecidas por los constantes rayos de la gracia de Dios.
Pero ese aspecto en absoluto la hace ser triste, todo lo contrario, la hace destacar por la viveza de sus colores.
Es tal la belleza, y tal las tonalidades que su aura irradia, que si esta volase descobijada de toda prenda nadie se daría cuenta.
Abecés cuando el viento sopla fuerte la veo jugar con el, pareciese que ambos danzaran en armonía y este la envolviese cual regalo con montones de pétalos de flores bailando a su alrededor. Es tal el sosiego que ella me embarga, cuando en su rostro veo contagiada la felicidad, verla disfrutar valorar los pequeños soplos que nos ofrece la vida. Es tan placentero percibir sus sonrisas en cada vuelta, sus palabras al viento, su cantar desenfadado.
En otras ocasiones la veo placida, sentada en una ramita de abeto, con la mirada pérdida y ausente sin más compañía que la de la soledad y la mía propia. Aunque claro esta, ella no me ve.
La soledad la mira atenta como yo, como si ambos quisiésemos desentrañar que ocultan sus pensamientos, hurgar en el diario de su alma, de sus sentimientos más profundos y escondidos.
Quizás su ausencia se deba a que sueñe con ese día, el día en el que halle a quien entregar su alma, para mostrarle la ternura y el amor que ella esconde.
Pero Tania sin motivo ni razón se cae de la ramita, se ha desvanecido.
Mientras cae me precipito y extiendo mis manos, para que en su caída no se golpee contra el suelo.
La miro de cerca y encuentro que esta un poco enferma, la encierro entre mis manos, la acerco a mi corazón, nace una luz y la sano … nada grabe gracias a ti. Refiriéndome a dios mientras contemplo el cielo.
Me acerco a un rosal y amablemente estas se ofrecen a proteger a la reina de las hadas. La poso con delicadeza en las anteras de una flor, lentamente se cierra con elegancia. Ahora Tania duerme tranquila, cómodamente y perfumada, con la exquisitez con la que la visten los pétalos rosados…
Hace muy poco que te sigo, actuó de la forma en la que tu me representas, son solo las buenas intenciones de quien vela tu existencia, con la buena voluntad, sin esperar nada a cambio, sin ser latente mi presencia yo te resguardo.

Para Tania.

Manuel A.

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