Otra mañana mas a pesar del frió helado de la navidad salí de casa como de costumbre a desayunar, mas que ser de mañana ya era medio día, acostumbraba a levantarme tarde ya que no tenia la responsabilidad de ir a trabajar. Acabe siguiendo una dinámica que me mantenía un tanto encasillado. Lo cierto es que mi ánimo a pesar de ser joven y fuerte, a mis veintiséis años no tomaba ciertas responsabilidades aun. Quizás fuese la suerte de tener dos padres trabajando y un hermano mayor independizado lo que me convertía en un privilegiado, del que andan un tanto mas pendiente y le consienten depende que caprichos, libertades y atenciones.
Si, abecés pensaba en mi situación y lo cierto es que en parte me preocupaba mi estado y mi postura ante la vida, pero quizás fuese la comodidad del momento y esa tendencia un tanto infantil de creer que somos inmortales, que todo lo que nos rodea no cambia, que se mantiene así por siempre, engañarme pensando que tengo el tiempo suficiente para ser el orgullo de mis padres como lo es ahora mi hermano.
Me gustaba sentarme en la barra del bar cerca del escaparate y contemplar a la gente pasar. En estas fechas era todo más animado, se palpaba en el ánimo de la gente, en la decoración de los escaparates, en el ir y venir de bolsas envueltas en multitud de colores… como me gustaba la navidad.
Pero también era una costumbre ver arrodillarse en ese mismo rincón de la puerta 32, sosteniendo entre sus rodillas un pequeño trozo de cartón, ese que nadie lee ni presta atención, al indigente con la cabeza gacha implorando una pequeña ayuda con gesto avergonzado, temiendo molestar el paso de quien va andando. Concienciado de que no gusta, de que molesta, a pesar de estar quieto ocupando tan solo un ínfimo espacio en una gran ciudad. Para que todos los que pasamos a su lado lo comparemos como una bolsa de basura abierta llena de porquería y de hedor.
Era extraño ver esa mancha oscura en el ir y de venir de los paquetes de colores…
Creo que se dio cuenta que lo observaba o tal vez conectamos nuestras mentes por que alzo su mirada y clavo sus ojos en los míos. Cobardemente mire hacia otro lado haciendo entender que no era a el a quien miraba. Temía que entrase al bar o aun peor que al salir de el me persiguiera e intentara hacerme daño. Pasado un rato lo volví a mirar, Dios, aun me seguía mirando… Pero fue una impresión extraña, ya que al contemplar su mirada, en mi alma, en mi mente, cambio un tanto mi forma de verle. Aparto sus ojos y volvió a posicionarla como siempre, gacha.
Ahora que lo cavilaba me di cuenta que… a el jamás le vi beber, nunca le vi fumar, tampoco se comporto mal, nunca le oí hablar ni procesar malas palabras a nadie. Esa mancha oscura arrodillada fea y sucia, desprendía más educación y más saber estar que cualquier otro que por allí transitaba… Nosotros si que éramos los maleducados con nuestro desprecio indiferencia, e incomprensión hacia un ser humano. No fui más que yo, y no el, el que lo maltrataba.
Al mirarme pude figurar lo que expresaban aquellos ojos que para alguien que vive en la calle eran un tanto distintos… no se si era la vergüenza de fingir, pero no lo parecía. Aquella mirada irradiaba modestia, nobleza, pena, melancolía, tristeza, y muchas ausencias. La ausencia de las miradas, de la compañía, la ausencia de las sonrisas, la ausencia del aliento… y otras tantas ausencias.
Aquella conexión, aquellos ojos, aquellas emociones, me hicieron ver que yo no tenia mas que el… Volvió a mirar hacia el bar pero esta vez no aparte mi mirada, lo observe con templanza. Aunque ausente en mis propios sentimientos y en mis propios pensamientos.
Míralo… el es tan joven como yo… no tiene mas edad que la que yo tengo, y quizás en estos momentos ambos estemos viviendo la misma suerte aunque de formas distintas. Los dos poseemos motivos por los que sentir vergüenza, por los que mantener la cabeza gacha… Entendí que mi única suerte hasta el momento radicaba cobardía, mis padres y mi familia tendrían que sentir por mi casi la misma compasión como la que yo estaba sintiendo ahora por ese hombre. ¿Que visión sino asumiría mi progenitor, de la de un muchacho de veintiséis años que no hace mas por levantar su vida?. De este que no anda tirado en el suelo viendo las horas pasar, pero si tirado en un cuarto, mas que matando el tiempo con mejores distracciones que las de aquel que tengo enfrente.
Vivo prácticamente de la caridad de mis padres, ya sea para comer, para salir, para tomar este café…
Que valiente me parece ahora ese hombre que anda arrodillado en el suelo, que quizás tomo la decisión de ser independiente aun a su manera. Supongo que es mejor no vivir de la caridad de unos padres que te ven, sufren y sienten… Seguro que prefirió vivir de la caridad de la calle donde sus acciones solo le hacen daño a el, y no maltrata de preocupación a quien le ve y le ama. Exento eso si, de sus miradas, y de su compañía.
Si yo viviese en la calle como el no se como acabaría, pero tengo claro que probablemente mi mirada expresase los mismos sentimientos que el procesa.
¿Para que mirar a los ojos de la gente implorando piedad? cuando no son ni capaces de leer lo que pone ese trozo de cartón. Mi cabeza también seria gacha a pesar de no sentir depende que vergüenzas. Pero inevitablemente es la mayoría a base de desdenes quien termina por anular nuestra propia persona… Pero es tan triste y doloroso concebir por un ínfimo instante la incomprensión y la situación de ese hombre, que si fuese yo terminaría por escribir en un trocito de cartón “Solo pido humildad y comprensión”.
Tal es mi cobardía que no tomare la valentía de vivir como el. Eso si, prometo esforzarme y salir de las rutinas para conseguir el orgullo de los míos y de mi mismo. Y si no es así yo se que el, cada uno de estos días seguirá agachado en la puerta del 32 para recordarme cual a sido mi promesa.
Blog personal de Manuel Álvarez Molina. Donde expone cuentos, relatos, y pensamientos.
Los sueños de un ángel gris.
Cuando después de nueve meses se olvida quien se fue por dos veces, el hombre en una vida, el ángel a su muerte. Cuando algún santo supremo del cielo, considera que llevamos allí demasiado tiempo, nos entrega un nuevo cuerpo. Es en ese momento cuando realmente fallecemos, a pesar de volver nuevamente a la vida. Hay quien por el paso del tiempo, por las experiencias vividas, relega de la inocencia, y aquella alma blanca que de nacimiento nos precedía, se va tiñendo de negro para volverse tímidamente un tanto más gris.
Llegara el momento en que olvidemos al Ángel, para dar paso a la persona que va naciendo.
Pero yo reniego a dejar marchar la inocencia, consciente de que la melancolía y la nostalgia me embargara por siempre, será por que quiero concebir y comprender las cosas que nos rodean los que me lleven a soñar e imaginar mundos que a simple vista podrían parecer perfectos, pero que tampoco lo son.
Llego el momento de hacer ver y hacer entender a vista de quien ahora es persona y me ve y no me entiende, cuales son los sueños de un ángel gris. Este que ve, y no teme amar.
Llegara el momento en que olvidemos al Ángel, para dar paso a la persona que va naciendo.
Pero yo reniego a dejar marchar la inocencia, consciente de que la melancolía y la nostalgia me embargara por siempre, será por que quiero concebir y comprender las cosas que nos rodean los que me lleven a soñar e imaginar mundos que a simple vista podrían parecer perfectos, pero que tampoco lo son.
Llego el momento de hacer ver y hacer entender a vista de quien ahora es persona y me ve y no me entiende, cuales son los sueños de un ángel gris. Este que ve, y no teme amar.
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