- - No quise que te apiadaras de mis sentimientos y de mi alma, ni que prestases tus atenciones hacia mi persona, aun a pesar del deseo de amarte.
Tan solo soy un hombre al que le dio de lado el mejor de los futuros, este hombre de emociones cenicientas, que se mantiene marchito aunque vivo. Este es mi castigo casi sin sentido, tal vez animado por palabras pesimistas, pero que prefiere de vivir en lugares en los que ni la propia sombra le cobije. Donde no ser observado, desde donde solo alcance a atisbarme la ignorancia la que mire fijamente y se burle de mi persona. Este que se mantiene escondido en lo más profundo de su ser y no alza la mirada porque no le queda fuerza ni gana de ser consciente de la propia realidad.
Son tus ojos los que animan a encontrar refugio en la desembocadura de tu corazón, el que da cobijo y esperanza, y anima a quedarse.
Una vez dicho esto el vagabundo despertó de su sueño despierto al oír las monedas caer…
- Gracias por su humilde caridad.

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